Escudriñaremos un pasaje del evangelista Juan, quien tiene por características el hacer detalles minuciosos de los hechos y de ellos profundas reflexiones espirituales, transporta los detalles a otras realidades superiores a través del símbolo.
La Samaritana
Lo primero que nos dice Juan del encuentro de Jesús y la Samaritana es que están en un lugar que según el mapa de Palestina en tiempo de Jesús, para pasar de Judea, donde se encontraba, y llegar a Galilea, tenían que pasar por Samaría o rodear la provincia tomando el camino de Perea cosa que era más dificultosa y tomaba más días de camino.
El detalle de Jesús pasar por el territorio de los samaritanos era complicado para aquel entonces, ya que los samaritanos y los judíos no se hablaban. Esta división tiene su origen en los conflictos políticos y sociales a la muerte de Salomón cuando las Tribus se fraccionaron en dos reinos; Judá, al sur, capital: Jerusalén, e Israel al norte, capital: Samaría- (1 Reyes 12, 20ss). Aunque ambos pueblos sufrieron a manos de los asirios y los babilonios, los habitantes de Judá lograron restablecerse sin mezclarse con las otras razas; en cambio, en el reino del norte (que vendría a llamarse Samaría) se unieron con otros pueblos a la vuelta del exilio. Por lo que los del Judá lo consideraban no puros, en vista de esto los del el Reino de Israel pasaron a crear su propio templo y desconocen el adorar a Dios en el sur, en Jerusalén donde se encontraba el templo del Reino de Judá.
El lugar de Samaria en donde Jesús decide detenerse es el espacio donde Jacob había entregado a sus hijos una tierra comprada (Sicar o Siquem,) (Génesis 33, 19) y había en el lugar un “pozo” (históricamente es uno de los más profundos de toda la antigua Palestina). Por ser una zona árida no es nada extraño encontrarse con un pozo, ya que necesitaban un lugar para abastecerse. El evangelista nos relata que Jesús llegó “fatigado, se sentó a la orilla del pozo” de esta escena tenemos dos puntos que ver desglosadamente 1- El pozo, 2- Las condiciones en que llega Jesús.
1- El pozo significaba mucho a nivel histórico y espiritual en la Biblia. Hablamos de que en medio del desierto un pozo de agua fresca era vida, como sucedió a Agar y a su hijo, Ismael, a punto de morir (Génesis 21, 19) El pozo era símbolo de los encuentros y experiencias con Dios. Cuando Dios entregaba una tierra en promesa o se lograba una conquista. En algunos casos los altares y pozos eran la señal de agradecimiento y pacto a la vez (Génesis 26, 25) Dios se revela al pueblo como fuente de vida, como el agua en su desierto (Éxodo 21, 16; Jeremías 2,13) El pozo también era lugar de refugio (2 Samuel 17,18; 1 Samuel 13,6)
2- Tomando todo esto para profundizar el hecho tan sencillo de Jesús agotado, cansado de caminar, de predicar, agobiado por el rechazo en Judea, se sienta a la orilla de un pozo y no cualquier pozo, uno en el que se supone no debe estar (pareciera normal en esas condiciones buscar donde beber agua y descansar). Se puede decir que llega con una enorme “carga” y en hora fuerte, la sexta (mediodía) Es la misma hora, que más adelante, se obscurece la tierra y empiezan todos los maltratos a Jesús hasta las tres de la tarde (nona) cuando él muere (Mateo 27, 45-46; Lucas 23,44; Marcos 15,33; Juan 19,14).
Entre el lugar (pozo) y las razones para estar ahí aparece una mujer samaritana (que al igual que Jesús se supone debe estar ahí) porque según las escrituras las mujeres habituaban a buscar agua al caer la tarde por ser una hora fresca y así tendrían agua para los quehaceres de cada mañana (Génesis 24, 11) y como es de esperar alguien que se esté sentado en la orilla de un pozo, cansado y con sed, pero sin tener con que sacar el agua, diga –Dame de beber-
La mujer que sabiendo bien la mala relación que hay entre judíos y samaritanos se sorprende y hace una pregunta que se puede traducir en ¿por qué a mí, si se supone que conmigo no se puede? - Jesús a esto responde “si conocieras el don de Dios y quien es que te dice “dame de beber” tu le abrías pedido agua a él, y el te habría dado agua viva” es la forma de decirle a ella: -Si supieras que yo soy el pozo del cual necesitas saciarte. Yo Soy el refugio que tanto buscabas, el encuentro con Dios que siempre esperabas, Yo Soy la vida que crees haber perdido. Yo soy.
Pero la Samaritana no se da cuenta de que le están ofreciendo la salvación y se detiene en cosas superfluas, no profundiza las palabras de Jesús, racionaliza el mensaje que se le estaba dando de forma extrema, eso le imposibilitaba el poder reconocer quien es que le está ofreciendo agua.
Ella hace otra pregunta técnica, pero sin darse cuenta está revelando su propia realidad. - Tú no tienes con que sacar el agua y el pozo es profundo. ¿De dónde tienes esa agua viva?
Vamos a detenernos un momento las palabras que dice y en qué punto ella misma revela (sin darse cuenta) la condición en que está su interior. Primero: Lo que dice es cierto, el pozo de Jacob es uno de los más profundos de toda la región. Segundo: El mediodía, ¿Qué hacía una mujer al medio día, sola, buscando agua en uno de los pozos más profundos de toda la región? Tomando en consideración el trato y el valor que tenia la mujer judía, el hecho de ella estar sola, donde la costumbre era ir entre varias, era inaudito, incluso por hablar con un hombre en esas condiciones podía ser castigada, sin embargo estaba ahí. ¿Qué tan profundamente dolorosa era la realidad de esta mujer que prefería la soledad de esa hora tan pesada a venir acompañada de las demás mujeres en la hora habitual?
Ella continúa hablando y hace una comparación entre Jesús y Jacob. Pero Jesús insiste en revelarle y entregarle a ella la Salvación y la sanación a su persona, vuelve y le oferta agua para que nunca más tenga sed, porque el agua brotará desde el interior de ella como un manantial. Hasta que al fin contestadas todas sus preguntas racionales con respuestas espirituales, satisfecho su propio razonamiento accede a recibir de esa agua que se le ofrece y dice “…dame de esa agua para que no tenga más sed y no necesite venir hasta aquí a sacarla".
Cuando la Samaritana “pide de esa agua” para no tener que: “venir hasta aquí a sacarla” Jesús le contesta de forma extraña. Si la intención de Jesús es darle agua para la vida eterna y ella ha accedido a tomar esa agua. Por qué le pregunta por su marido. Esto nos lleva a entender que hay un simbolismo cuando ella dice la palabra “aquí” es decir, no estamos hablando de un lugar, sino de un estado: su estado de vida. Es aquí donde el dialogo de Jesús y la samaritana se vuelve íntimo, empieza él a escudriñar, destapar, su estado de vida, lo que ella es, lo que hace, lo que tiene, lo que le pesa, lo que le avergüenza, por lo que padece, a lo que se dedica, de lo que huye, del pozo profundo y sin agua que es ella, hasta ese momento. (Salmo 138)
Jesús hace de su pregunta una llave para abrir la puerta del interior de la Samaritana. En tan íntimo diálogo en ningún momento ella oculta lo que es, quien es, y como es, habla con la verdad y en este caso acepta.
Continuará...
Juan 4, 4-30; 39-43